El valor de la desobediencia es un artículo de Alicia Stürtze publicado en su columna habitual (nire txanda) del diario EGIN, página 6 del nº del día 4 de agosto de 1997.
El texto es el siguiente:
El valor de la desobediencia
Ahora que la energía nuclear está de capa caída
(¡qué horror lo de Chernobyl!), todos van de "ecologistas
de toda la vida". Pero, en su momento, mientras, apoyados
por esa masa de población acomodaticia y obediente, los
defensores del "progreso" (como Arzallus que preconizaba
que "o Lemóniz o las catacumbas") llenaban el
Estados español de centrales nucleares, la capacidad de
lucha y organización de la izquierda abertzale consiguió
detener Lemóniz. Nadie ha reconocido su triunfo, pero la
realidad histórica demuestra que su capacidad de desobediencia
fue crucial. Frente a la OTAN, la masa española sucumbió
a los encantos televisivos de F. González, pero Euskal
Herria volvió a desobedecer y dijo NO. Ahora que van a
profesionalizar el Ejército, los progres del Estado que
apoyan la medida deberían recordar que han sido los jóvenes
vascos quienes con su lucha emblemática, a pesar de los
castigos y las penas de cárcel, lo han ido consiguiendo.
De su tan criticada y penada desobediencia podrán disfrutar
dentro de unos años todos esos jóvenes sumisos del
Estado que tanto gustan de las palomas y las manos blancas. Pero
esto jamás saldrá en prensa. Las ikastolas han salido
adelante por el enorme y anónimo esfuerzo de un pueblo
que intuye que sólo se puede construir, que sólo
se puede SER, desobedeciendo al grande. Todos los datos apuntan
a que el aparentemente infranqueable muro de los más corruptos
y poderosos intereses económicos va a tener que ceder ante
la testaruda, generosa, valiente y ética desobediencia
de quienes han trabajado en la coordinadora de Itoiz. De esta
gran victoria del sastrecillo valiente del cuento, racional y
solidario, frente al inmensamente fuerte, ningún periodista
del régimen dará cuenta. Pero no por eso la victoria
de los desobedientes será menos real y efectiva. La juventud
abertzale es quien, con su extrema vialidad, su alegría
y su enorme capacidad de crear y construir, ha desarrollado una
música y unos hábitos propios y ha conseguido vigorizar
en barrios y pueblos unas fiestas y unas txosnas imaginativas
y participativas, totalmente alejadas de las fiestas Karaoke-Coca-Cola
de otros lugares. Ahora los chiquitos del PP quieren apuntarse:
reclaman la Parte Vieja donostiarra para ellos, las txonas para
ellos, sin comprender que su sumisión al poder les esteriliza
para crear nada genuino y que la diversión auténtica
va siempre unida a la transgresión, aunque sólo
sea mental, del orden establecido. Los 40.000 que, haciendo frente
a la más brutal y fascista campaña de pogromización
de los últimos años (la foto de portada de "El
Mundo" titulada "Ese pan es de HB" es idéntica
a las que existen de tiendas de judíos durante el nazismo),
tuvieron la valentía de salir a la calle, volvieron a demostrar
lo mismo: que frente a la presión del fuerte que resulta
siempre en un comportamiento apático o cruel por parte
de la mayoría, está la hermosura y la frescura de
la desobediencia, de la autenticidad con uno mismo y con su pueblo,
aunque ello suponga inseguridad y castigo.
Si hay algo que teme el poder económico y político
es la desobediencia, porque frente al paralizante sometimiento
a las reglas y a la autoridad, frente a la gran mayoría
de pelotas que siempre están con el que manda, desobedecer
es ejercer la libertad y avanzar hacia una sociedad más
justa, solidaria y desde luego más divertida y lúdica.
Debemos, sin embargo, tener bien presente que la desobediencia,
para ser efectiva, debe ser organizada y saber adaptarse a cada
coyuntura. Más aún en esta fase en que han ascendido
a la disensión a la categoría de máximo crimen
de Estado.
Alicia STÜRTZE